Después de escuchar de un montón de víctimas durante las semanas últimas que testificaron sobre los horrores sufridos durante los primeros años de los ochenta en Guatemala, el juicio contra Efraín Ríos Montt y Mauricio Rodríguez Sánchez cambió su foco esta semana. Agregando a los relatos en primera persona, los jueces oyeron testimonio el 8 de abril de los testigos expertos que se especializan en la antropología forense, biológica y social, además de la arqueología forense. Aunque el rol de la antropología es quizás bien conocido como importante en la lucha contra la impunidad para la violencia masa y la realización del derecho a la verdad (como se discute en la publicación de Human Rights Brief de los procedimientos de la conferencia sobre La Prueba Forense en la Lucha Contra la Tortura del 2012),  la antropología biológica y social son campos relativamente menos conocidos, y frecuentemente se ven como “la ciencia blanda” que no pertenece en un marco de juicio. En contraste, según la Fundación de la Antropología Forense de Guatemala (FAFG), los antropólogos biológicos se especializan en las pruebas del ADN y los antropólogos sociales en las entrevistas de los miembros familiares y otros testigos. Aunque el equipo de la defensa cuestionó la ciencia blanda de estas entrevistas, mientras el día continuó, se volvió evidente que este tipo de colección de información y testimonio es una pieza esencial de acertijo y de hecho una fuente relevante de la prueba admisible.  Particularment, los antropólogos expertos presentaron las pruebas identificando el origen de decenas y decenas de tumbas clandestinas, así ayudando dar sentido a la identificación de las víctimas y de los infractores.

Por ejemplo, los antropológicos y arqueológos de la FAFG que participaron en las exhumaciones masas presentaron y ratificaron los detalles específicos de sus declaraciones, preparadas para el Ministerio Público, no solo sobre las excavaciones arqueológos de los restos humanos de la región Quiché de Guatemala, pero también sobre sus entrevistas numerosas con las sobrevivientes para crear lo que se conoce como un “contexto cerrado” para un caso particular. El testimonio de estos expertos resaltaron como, por trabajar juntos, los arqueológos y antropológicos de los campos diversos corroboraron el análisis forense con los testimonios para determinar a quiénes correspondían los restos exhumados.  Cuando se identificaron los restos de una persona, el contexto se considera cerrado. Los testigos expertos leyeron las listas de estos nombres ayer y hoy, junto con una estimación de las edades de los individuos cuando se murieron.  La mayoridad de las víctimas eran mujeres, y muchos (ambos mujeres y hombres) eran niños.

Aunque es indisputable que este testimonio experto ha sido poderoso, la defensa ha cuestionado su admisibilidad con unas objeciones ambíguas y débiles, según la juez, que oscilaron entre quejas sobre los títulos profesionales de los expertos y el rigor de su trabajo. A diferencia de los Estados Unidos, donde hay estrictas normas probatorias—especialmente para la prueba forense—otras cortes domesticas, además tribunales internacionales, tienen normas que no son tan estrictas. Con respecto a los crímenes por las violaciones masas de los derechos humanos como el genocidio y los crímenes contra la humanidad, Guatemala es la primera corte domestica que asuma las prosecuciones así en sus cortes domesticas, y las únicas situaciones paraleles jurisprudenciales surgieron de la creación bastante reciente de los tribunales internacionales. El Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia, por ejemplo, que dejó entrar muchas pruebas forenses, incluía en sus Reglas del Procedimiento y de las Pruebas (Regla 89) unas provisiones generales para regular las cuestiones probatorias ante las Salas de la Primera Instancia. Sin embargo, no se incluía un conjunto detallado de las reglas técnicas, más bien manteniendo las pruebas generales de la relevancia, la probabilidad, y el prejuicio injusto. Igualmente, Capitulo 4, Sección I de las Reglas de Procedimiento y Prueba de la Corte Penal Internacional plantea unas provisiones generales en relación con la prueba, pero no cubre los detalles específicos de la prueba forense o antropológica del tipo presentado en Guatemala el 8 y 9 de abril.

Además de una falta de normas probatorias claras, la Corte de Guatemala se enfrenta a la dificultad de revisar cuidadosamente por las piezas de evidencia que tienen más de treinta años. La deterioración de las pruebas forenses, sin embargo, contrasta fuertemente con el testimonio de los sobrevivientes, cuyas memorias de las atrocidades se articularon tan fuertemente y claramente como si los eventos se pasaran ayer. La importancia histórica de este juicio no se puede exagerar. Sin embargo, puede servir como precedente para apoyar y fortificar las normas probatorias internacionales emergentes—particularmente mientras se expanden en la jurisprudencia doméstica—o fácilmente se puede hacer víctima a la ausencia de algunas provisiones generales establecidas que se puede citar como regla relevante. Si Guatemala puede actuar como modelo para otros países que buscan rendir cuentas con los perpetradores horrores del pasado, la Corte tendrá que navegar los retos de considerar evidencia fiable y científica mientras no olvidar que las tumbas masas están llenas de las personas indivíduas y nombres que merecen la justicia.

Christina Fetterhoff observó este testimonio en la Ciudad de Guatemala. Los empleados del UNROW Human Rights Impact Litigation Clinic y el Human Rights Brief contribuyeron unas investigaciones adicionales en Washington, D.C.